LA DESGRACIA: UNA SUPERPRODUCCIÓN MUSICAL IMPERDIBLE, EN EL OFF Por Marcela Cairoli LA DESGRACIA es un eufemismo para nombrar a una terrible enfermedad mortal de transmisión sexual que llega al imaginario pueblo de Terranova, sembrando pánico en sus habitantes. Este es el disparador para que el autor y director, Juan Martín Delgado, aborde con acidez y humor temas cómo la corrupción generalizada, los manejos arbitrarios de la política, la connivencia entre salud pública y laboratorios, los mandatos en el terreno de la sexualidad que todavía someten a la mujer. Esta comedia musical hasta se atreve a algún cuestionamiento francamente irreverente con referencia a la forma en que la Biblia, en el Nuevo Testamento, relata la concepción de Jesús (ésta última escena es realmente desopilante). Los protagonistas son profesionales calificados del género musical: Andrea Lovera como la intendenta de este pueblo (también actúa en El violinista en el Tejado), Mariano Condoluci componiendo a la enfermera Nora brinda un impecable ejemplo travestismo (del que probablemente muchos espectadores probablemente se percaten al leer el programa de mano o la gacetilla); Patricio Witis inefable como El Doctor que hace abuso de poder, ironizando respecto de la famosa soberbia médica; Belén Ucar conmoviendo y haciendo reír por partes iguales, y con buenos recursos, en su papel de la hija de la Intendenta; Micaela Romano una impagable "trastornada" en verdad bien lúcida, con pensamientos feministas aggiornados; Nahuel Adhami, como El Cura corrupto e hipócrita... Todos ellos se mueven tan acompasados y tan cómodos en sus personajes netamente perfilados, que es difícil aceptar -al menos, durante la función- que el pueblo de Terranova en realidad no existe. La música original de Francisco Martínez Castro, es tocada por una banda de siete eficaces intérpretes en vivo, un lujo que algunas rimbombantes obras de la calle Corrientes no se permiten. La banda sonora recorre distintos ritmos (muy pegadizos) que se integran orgánicamente con la letra, realzan las situaciones del un relato que nunca decae en su gracia y amenidad. Una mención especial merecen los aparatosos peinados y el apropiado maquillaje -a cargo de Adrián Llamosas- y la excelente fotografía de Nacho Lunadei, que capta en forma precisa el espíritu de diversión desfachatada que reina en la obra. EL PUBLICO: que llega por el boca en boca y se percibe que no se trata para nada de los típicos invitados complacientes, va enardeciéndose a medida que entra en la atmósfera y la propuesta zarpada de la obra y va festejando cada gag y cada escena con auténtico fervor. No hay duda que la gente se va satisfecha y distendida, sin duda con ganas de ver más musicales de esta calidad. En el saludo final, los espontáneos y cálidos aplausos en su mayoría son de pie. EL GALPON DE GUEVARA: Este singular e imponente espacio de 1300 m2 concebido en 2011 por Pier Paolo Olcese y Mariano Pagani , acondicionado especialmente para presentaciones de teatro físico, danza aérea y acrobacia, está ubicado en la calle del Che, Guevara 326, en el barrio de Chacarita. El teatro cuenta con una muy lúdica y grande sala de espera, con mesa de ping pong y metegol incluídos, donde también se puede tomar un trago antes o después de la función. Y DONDE COMEMOS? Para los que desean cenar, en la esquina está Bar Guevar Restaurant, un sitio amable y pintoresco donde conviven manteles de hule en las mesas con libros en estantes. Bien de barrio, es frecuentado por gente de teatro que aprecia la variedad de "sanguchería" que propone la carta, y una serie de platos que incluye ensaladas, pasta, arroces, pollo, pescado.